Veinte años pasaron desde aquella
noche. Veinte años. Y nunca le confesé a nadie lo sucedido, hasta casi lo tenía
borrado por completo y anoche soñé con eso, ¿podés creer, Pau? Qué órgano
terrible el cerebro, eh… no perdona. Prepará unos mates, dale. Te voy contar todo, no puedo seguir guardando el
secreto. De todas formas no te asustes, no fue algo tan grave. Podría haber
sido, sí… creo que por eso sigue martirizándome.
Por aquel entonces, tenía dieciocho
años. ¿Te acordás? Recién llegábamos a Buenos Aires y extrañábamos muchísimo la
vida y la gente del pueblo. Esto era el loquero ruidoso e impersonal que hoy
nos resulta cotidiano pero que, allá lejos, era intimidante.
Mi primer trabajo fue terrible,...






